martes, 17 de noviembre de 2009

Mafia policial. La muerte, una decisión


*Por Lucía Díaz

*Foto: Gisela Assinnato


Después de 15 años el caso Gutiérrez volvió a resurgir. Había sido asesinado el 29 de Agosto de 1994 en el tren Roca a la altura de la estación Sarandí. Era subcomisario de la Policía Bonaerense y estaba investigando, por fuera de la fuerza, un depósito de la aduana paralela que ingresaba drogas en automóviles al país. En 1998, finalizado el juicio y absuelto su único acusado Daniel Chiquito Santillán, el periodista Daniel Otero investigó el caso y concluyó en un libro de investigación: “Maten a Gutiérrez, un crimen de la aduana paralela”. En una entrevista con él, asegura “acá se tomó la decisión de que esto quede impune”.

¿Cómo fue la primera aproximación al tema?

Daniel Otero:Por televisión. Recuerdo que esa fue la primera vez, pero no me llamó la atención, era un policial y nada más. Cuando estaba haciendo el libro de Duhalde (El entorno, la trama íntima del aparato duhaldista y sus punteros; 1997), simultáneamente se estaba desarrollando la Comisión Investigadora sobre la Aduana paralela de la Cámara de Diputados de la Nación. Y había un universo de temas que trataba esta Comisión, por ejemplo los que se vinculaban con la Zona Franca de La Plata, con el puerto de Dock Sud, con depósitos fiscales. Ahí tenía gente que me filtraba toda la información, las actas directamente. Me hice de 10 ó 15 actas de declaraciones. Me empezó a llegar información vinculada con el caso Gutiérrez. Había personajes paradigmáticos del universo duhaldista como Klodzyck, “el mejor jefe de la mejor policía del mundo”, era un tipo interesante. También Piotti. Y quienes preguntaban eran Diputados Nacionales con una actitud bastante interesante. Era buena información. En este contexto empecé a conocer el caso, ya había sucedido el juicio donde habían absuelto al único acusado, Santillán.

Por otro lado, me acuerdo de que una vez Bernardo Neustad había dicho algo así como “los que se preocupan por los derechos Humanos, siempre se preocupan por los derechos humanos de la gente de izquierda, de los subversivos, de los terroristas. Pero nunca se preocupan cuando un policía es asesinado”. Eso lo dijo mucho antes, pero siempre me quedo picando. Durante mucho tiempo estuve en Amnistía Internacional. Y al escuchar eso, pensé que este tipo no entendía nada de derechos humanos. Un mínimo conocimiento de derecho internacional permite entender cómo funcionan los derechos humanos. Existe la Convención Internacional de Derechos Humanos. Cuando un país adhiere a una Convención, adquiere un compromiso y a partir de ahí está obligado a respetarla. Por lo tanto, el Estado Argentino está obligado a respetar los derechos humanos de los ciudadanos. Pero los ciudadanos no están obligados a respetar los derechos humanos de nadie, uno lo hace porque es bueno. Y si no lo hace termina preso, pero no hay una obligación legal. Un funcionario policial cuando hace lo mismo que un “chorro”, cuando mata, ahí sí está violando los derechos humanos. Porque hay un compromiso desde el funcionario como parte del Estado de respetar y garantizar los derechos humanos. Entonces el planteo de Neustad no tiene lógica, es nulo. Pero sirve a los efectos de vender una ideología. Entonces mi plan de hacer esta investigación era demostrarle que a los que nos interesan los derechos humanos también podemos investigar la muerte de un policía. Ahora que me decís vos cuando a un policía lo mata otro policía.”

Policías que matan policías. Ese era uno de los atractivos del caso. Durante la investigación y el juicio por el asesinato del subcomisario Jorge Gutiérrez, aparecieron solo dos testigos del hecho: Alejandra Chumbita y David Conejo Silva. Ambos testimonios coincidían en que habían sido dos los asesinos del subcomisario de la Comisaría 2º de Avellaneda. Y que estas personas, también eran policías. Chiquito Santillán, era uno de ellos, oficial de la Policía Federal. Pero el tribunal no encontró las suficientes pruebas como para condenarlo, y lo absolvió cuando los dos testigos del hecho lo habían reconocido.

El segundo asesino nunca fue investigado ni mucho menos condenado por el tribunal. Otero en su libro, devela el verdadero nombre de esta persona, del cuál solo se conocía su apodo: Francisco Colorado Mostajo. Cuando el periodista editó su libro (1998), el caso ya había sido cerrado y el juez platense Guillermo Atencio nunca le consultó sobre la identidad del segundo asesino. “El juez Atencio nunca me preguntó cuál era el apellido correspondiente a la M. Se lo llevé yo a él el libro en los originales, antes de que salga. Fui con dos ejemplares temiendo que nieguen que lo entregué o que perdieran hojas. Lo tuve a Atencio firmándome hoja por hoja. Del mismo modo que Atencio nunca me llamó, Clarín se enteró después de 10 años, de que a Gutiérrez lo mataron en condiciones “sospechosas”. Después de 10 años habla de Mostajo, cuando el libro ya fue publicado”.

¿Cuál era tu objetivo cuando empezaste a investigar?

D.O: “Mi objetivo era contar la mafia policial. El tema ahí es la policía que mata policía. Y cómo las cúpulas de las dos fuerzas policiales más importantes de la Argentina ante un crimen se ponen de acuerdo. Hay una ingeniería de impunidad, la impunidad fue una decisión. No es que la investigación salio mal, acá se tomó la decisión de que esto quede impune. Esto está probado, la participación de las cúpulas de las dos policías en función de que nunca se esclarezca, eso surge de la causa. Testigos que no fueron llamados a declarar, testigos que fueron llamados y nos se le hicieron las preguntas correctas. Otros que antes de subir al estrado les pusieron un revólver en la boca. Fue en los mismos tribunales de La Plata, en la sala de espera y a 5 metros de los jueces. (…) Se reabrió en varias oportunidades la causa y siempre la decisión de la impunidad volvió a prevalecer. Es gravísimo, porque si la muerte de un propio integrante de las fuerzas, que deben esclarecer, en un hecho de esta naturaleza trabajan para el ocultamiento, ¿qué le espera a una persona cualquier que se cruza con una situación así? Hay armado alrededor del núcleo central de la causa, pequeños armados de causas siempre en función de la impunidad.”

Durante el juicio, el ejemplo bien claro de este ocultamiento que habla Otero fue con respecto al fiscal. Carlos Graciano quien solicitó la pena de reclusión perpetua, fue remplazado dos semanas antes del juicio, sin darse ninguna explicación de este cambio. Asumió la fiscalía entonces Rubén Sarlo, quien provenía de la Justicia federal. El nuevo fiscal, había solicitado la misma pena para el acusado Santillán, pero cuando el tribunal lo absolvió, él no apeló. El caso quedó impune. No había asesinos. No había motivos. No había testigos. Pero había un muerto: Gutiérrez.

El subcomisario estaba investigando el depósito fiscal Defisa, a pocos metros de su lugar de trabajo. Allí, sospechaba encontrar drogas entradas al país por la aduana paralela adentro de Fiar Ducato. Para su investigación, Otero sacó algunas fotos del lugar, publicadas en el libro e hizo una serie de llamadas telefónicas. Mediante ellas, comprobó que el jefe de seguridad del lugar, Carlos Duque Gallone, era el mismo que durante la dictadura militar había estado involucrado en los grupos de tareas de la Superintendencia de Seguridad Federal. “Hice una serie de llamados para comprobar que el jefe de la custodia es un represor de la dictadura. Que a su vez forma parte del engranaje de los que en los años ´90, y ahora también, formaron parte de la Policía Federal, eran los que pateaban puertas en los ´70. Y ¿Cómo probas que Gallone estaba vinculado con esta empresa? Llamas por teléfono diciendo “¿Lo viste a Gallone?”. (Risas)




El periodismo de investigación hoy

Daniel Otero: “El trabajo en un medio de comunicación real es muy distinto a los conocimientos que tenes en la teoría. No digo que está de más, pero después cuando lo vas a aplicar es otra cosa (…) No hay un decálogo de cómo hacer una investigación periodística, salvo algo básico. Después vas aprendiendo que seleccionar de toda la información e ir definiendo hacia dónde se orienta. Para mí hay una cosa central: se dice periodismo de investigación. Si no es investigación no es periodismo. Vamos a suponer que existe un periodismo de investigación y uno que es de no investigación. Entonces ¿qué hace este último? Repite, pega cosas, es sujeto de presiones políticas…si no hay investigación no hay periodismo. Lo que varia es la magnitud, si vas a escribir un libro, no investigas lo mismo que si vas a hacer una nota de 70 líneas. Pero vos tuviste que investigar.”

“Son centrales. Hay que diferenciar fuentes de amigos. Las fuentes pueden ser buenas personas y seres despreciables. No es el listado de conocidos que vas a invitar a tu cumpleaños. Cuantas más fuentes hay, mejor. Aunque sean criminales, malandras no importa, suma. Son las entrevistas más ricas, cuando hablas con un policía que mató a 50 tipos. Y pensar cómo hacer para sacarle cosas. Hay que cuidarlas también, en el sentido de respetar la palabra. Si vos acordas que te dan un dato pero piden no nombrarlo, no hay que nombrarlo. Esto pasa mucho en la política, en los ámbitos judiciales que por el cargo que ocupan no pueden filtrar algo. Y hay que cuidarlas porque no sabes cuando la vas a volver a necesitar o el tipo se entera de algo y te llama. Porque respetaste lo que se acordó. Después en realidad, la información te viene si vos estas afinado con el tema”.

¿Existen riesgos en una investigación? ¿Qué haces para prevenirlos?

D.O: “Es un tema en donde se sanatea mucho. Corrés riesgos en determinadas circunstancias, pero como en cualquier profesión. Uno eligió esto, pero no digo que sean las reglas del juego. Tenés que saber dónde te estas metiendo. En mi caso era algo delicado, era gente fea. Más o menos uno tiene que saber a donde se está metiendo, ir tanteando la situación, las reacciones. Y si ocurre algo saber cómo reaccionar. Pero hay mucho tipo que se pone en víctima. Hay casos que son públicos de periodistas que uno o dos días antes de que se publiquen su libro son secuestrados una o dos horas y los pasean. Y no les pasa nada, yo me digo “que casualidad que justo te secuestren, no te pase nada, te larguen rápido”. Hay estrategias de marketing burdas. Con esto no niego que ocurran cosas pero está tan bastardeado, se ha convertido en un instrumento de marketing. Que sea riesgoso no significa que no hay que hacerlo, sino que hay que hacerlo con más precauciones. Para el caso de Gutiérrez, la primera precaución que tomé fue que se enterara la menor cantidad de gente de lo que estaba investigando. La familia lo sabía, la Comisión Investigadora también, pero tampoco que se entere todo el mundo. Si llamo a los malos no les digo para que es.” (Risas)