jueves, 28 de mayo de 2009

Siempre llega un momento. Un momento para llorar, putear o hablar. Momentos para relajar o discutir. Momento del primer mate. Momento para hacer el amor o decir basta. Pero ¿qué son los momentos?Sino efímeros. Sino ahora o nunca. Un ir y venir en el tiempo que se detiene como una foto. La sacamos para recordar luego.



Momentos que marcan un quiebre entre una cosa y otra. O que hacen de bisagra entre esa cosa y esa otra. Momento para ver, oler, sentir, escuchar...



Ahora es un momento en que nose bien que escribo. Pero vinieron las ganas y aca estamos. Ni siquiera se que voy a poner en la proxima línea. Pero sigo. Será porque a veces nos pasan cosas que nos piden salir. Como sea, de la manera que podamos; pero salir.




Seguro hay cosas más interesantes que leer por la internet. Pero aca hay esto señor. Ojalá en algun MomentO se identifique con algo de lo que aqui pueda entontrar...



adioses.-

lunes, 18 de mayo de 2009

La última rompiente

Santiago corría por la arena húmeda de las costas de Santa Teresita, su ciudad natal. Como todas las mañanas salía a entrenar durante una hora. Era muy temprano y hacía mucho. Santiago podía ver como cada centímetro del sol aparecía por el horizonte. Pero no era una mañana cualquiera. Ese día cambiaría su vida y la de muchas personas. Transcurría el año 1977. Y a lo lejos, Santiago divisó un bulto grande en la última rompiente del mar. Al acercarse, descubrió de lo que se trataba, aunque lo entendería mucho tiempo después.

La historia de Santiago podría haber sido cierta. Pero no lo es. O quizás si, pero no lo sabemos. La cuestión es que de la noche a la mañana, comenzaron a encontrarse cuerpos humanos que habían sido expulsados del mar. Con muchas investigaciones, pero sobretodo con el paso del tiempo (mucho tiempo, por cierto) Santa Teresita, y muchos argentinos entenderíamos de que se trataba y quienes eran estas personas.
En 1995, se presentó ante el periodista Horacio Verbitsky, Adolfo Scilingo con el fin de “limpiar su conciencia”. Scilingo había sido marino argentino durante la última dictadura militar (1976 – 1983), y durante el encuentro le relató al periodista la metodología que utilizaban para deshacerse de los denominados “subversivos” en esas épocas. Esta entrevista concluyó en el trabajo de investigación “El vuelo” donde se detallan como desde aviones de la Marina se arrojaron a las costas argentinas 30 cuerpos de personas con vida.
En el 2005, Pablo Torello junto a su equipo de producción estrenan “Historias de aparecidos”. Relatan como empezaron a encontrarse en las costas argentinas cuerpos humanos y todas las consecuencias e implicancias que esto trajo.
No vamos a hablar de estas dos producciones. Vale la pena leerla y verla respectivamente. Tampoco vamos a hablar de lo que fue el conocido Proceso de Reorganización Nacional. Se dijo mucho de eso; a favor pero sobre todo y por suerte en contra se dijo mucho más. Sabemos que este Proceso fue primeramente un intento por instalar un modelo económico y para eso era necesario destruir a las “fuerzas subversivas” diseminadas a lo largo y ancho del país. Sabemos que los militares instalaron el terror sistemático desde el Estado, sabemos que secuestraron personas, torturaron, violaron, picanearon, robaron, asesinaron y desaparecieron. Pero sí hablemos de lo que se conoció, a partir de las mismas investigaciones como los vuelos de la muerte.
Estos vuelos se entendieron desde las cúpulas militares de ese momento como una solución; una forma práctica de deshacerse de esos cuerpos que invadían el territorio nacional y colapsaban sus propios centros clandestinos de detención. Los "inteligentes" hombres de las Fuerzas Armadas, descubrieron que podían tirar cuerpos humanos adormecidos al mar, desnudos y con pesas en los pies, atados y a veces encapuchados. Hallaron una metodología podía ser infinita, porque contaban con gigantescas aguas para tirar y tirar cuerpos como si fueran hojas secas. A lo macabro se le agrega algo peor. Los militares también descubrieron que tirar a esas personas todavía con vida, era aun más interesante para sus fines. Quizás sabían que en un futuro habría un Verbitsky o un Torello que sacarían a la luz estas cosas y así seguir instalando ese terror.
Por otro lado, es interesante rescatar que estos vuelos de la muerte fueron vistos por la Iglesia Católica Apostólica Romana como una “forma cristiana de morir”. Quizás sea algo bastante escuchado o repetido. Pero realmente me gustaría detenerme en esta idea. Esa Iglesia, al hacer una afirmación tan fuerte no solo estaba justificando tanto genocidio sino que estaba eligiendo. Elegía de que lado estar. Elegía un proyecto, una idea, una postura ante la coyuntura. Con este apoyo a la dictadura militar, la Iglesia ayudaba a que muchos partícipes de los vuelos de la muerte sintieran que lo que hacían no estaba mal. O por lo menos estaba contemplado por el Todopoderoso y sus acciones no los perjudicarían en la Tierra prometida. Así personas como Adolfo Scilingo, impunemente seguía tirando gente, total había un aparato enorme detrás que lo sustentaría.
Pero la inteligencia de estos hombres no les permitió notar que los cuerpos no fueron arrojados a una distancia determinada de la orilla como para permanecer hasta su descomposición en el fondo del mar. Como imaginamos la historia de Santiago al principio, los habitantes de varias costas argentinas empezaron a escuchar en el pueblo sobre “la aparición de cuerpos humanos en la última rompiente”. Y así era. Con el tiempo hubo personas que investigaron estos hallazgos y que ayudaron a completar algunas historias de familiares de desaparecidos. Azucena Villaflor fue una de las "aparecidas" (en términos de Torello) en las fosas comunes, donde terminaron los cuerpos, en el cementerio de General Lavalle, Partido de la Costa.
Una idea. Una generación. Miles de vidas. Otras miles de familias. Un aparato represivo. Torturador, asesino. Golpes y palos. Trapo en los ojos. Y nunca más la luz. Nunca más el calor. Nunca más otro olor. Manos atadas. Un avión. Un vuelo. El último vuelo. Caída. Golpe. Y mar. Mucho mar. Se pierden los sentidos. Se hunden los pensamientos. Pero la idea está. Y el mar también. El inmenso mar. Se afloja el cuerpo. Se vence el cuerpo. Y llega el principio. La última rompiente. El comienzo de mucho.